Hoy se cumplen 100 años del natalicio del Inquieto Anacobero, inigualable prototipo latinoamericano de rebeldía y desenfreno
| Daniel Santos (Créditos: Cortesía ) |
ÚN| Eduardo Parra.- Virgen de medianoche, virgen, eso eres tú...” canta a la mujer “de la mala vida”, un timbre gangoso, desde un antiguo tocadiscos, o del pen drive que, como el papel, aguanta todo. Es la voz inconfundible del “inquieto anacobero” Daniel Santos, inigualable antihéroe de la música caribeña.
El sonido puede provenir de cualquier casa o vehículo en cientos de ciudades de Lima a Chicago porque la popularidad de este boricua abarca enormes territorios, tanto musicales como ideológicos, según veremos.
Se trata de uno de los más exitosos cantantes de todos los tiempos que hoy estaría cumpliendo 100 años de vida. Un ser humano sumamente contradictorio porque encarnaba en un mismo cuerpo a tres personajes muy diferentes.
Por una parte, era un cantante extraordinario, capaz de conmover la más profunda fibra de quien lo escuchaba. Por otra, un mujeriego y parrandero incorregible, que llegó a casarse 12 veces, a vivir en un antro de prostitución en Caracas (la historia se refleja en la película El pez que fuma, de Román Chalbaud) y, como tercera faceta, resultaba ser un independentista que se rebeló contra la condición colonial de su Puerto Rico natal, y simpatizó con la Revolución Cubana.El sonido puede provenir de cualquier casa o vehículo en cientos de ciudades de Lima a Chicago porque la popularidad de este boricua abarca enormes territorios, tanto musicales como ideológicos, según veremos.
Se trata de uno de los más exitosos cantantes de todos los tiempos que hoy estaría cumpliendo 100 años de vida. Un ser humano sumamente contradictorio porque encarnaba en un mismo cuerpo a tres personajes muy diferentes.
“En esa triple cualidad sólo Héctor Lavoe se le ha acercado porque era un ‘malandro’ del Bronx con una voz extraordinaria pero, a diferencia de Santos, éste no se involucró en ningún asunto político”, comenta Ángel Méndez, experto en la música del Caribe y director de YVKE Mundial.
De la ducha al estrellato
Santos nació el 5 de febrero de 1916 en Santurce y poco después su padre se muda a Nueva York, a donde pronto logra trasladar a la familia. La gran depresión de 1929 modificaría las cosas. Con muy poco dinero en casa, a los 14 años el muchacho se independiza a fin de aliviar la carga familiar.
Una tarde de 1938, mientras se duchaba, entonó alguna canción y miembros del Trío Lírico lo escucharon desde la calle. Como ganaba muy mal, aceptó la propuesta de unirse a ellos.
Ese año cantaba con dos orquestas y a veces sustituía mesoneros en un bar, donde ganaba 17 dólares semanales. Pero allí lo conoció el maestro de la música, compositor y poeta Pedro Flores quien, al escucharlo, lo reclutó para su cuarteto.
Flores era un hombre sensible y compuso La Despedida, que en voz de Daniel Santos se convirtió en un éxito absoluto y, con ello, también se convirtió en una estrella.
Aunque tuvo que despedirse y cumplir también con el servicio militar, al regreso era una celebridad y podía escoger con quién grabar. Su paso por Cuba lo vinculó con la Sonora Matancera, orquesta con la que también lograría enormes éxitos, incluyendo Bigote de gato, Obsesión y Dos Gardenias, no sólo en el mundo del disco sino también en el cine.
Consagrado, llegó a ganar mil dólares semanales por cantar, pero su espíritu bohemio siempre lo llevaba a nuevos escenarios y retos.
“Lo conocí en la Hawaii Kay, discoteca popular en los ’70 y tuve la oportunidad de compartir un rato con él. El asunto es que era muy indisciplinado y nunca se resistía al encanto de las mujeres”, cuenta Ángel Méndez. Más de una vez se vio en líos de faldas y en otras dificultades asociadas a sus hábitos de parrandero.
Dos vínculos incompatibles
Cuando tenía 15 años casi lo matan a puñaladas, en medio de su lucha por sobrevivir. “En realidad, sobreviví robando, haciendo trampas, vendiendo licor clandestino, haciendo de chulo y todas esas moñas”, contaba él mismo.
No es de sorprender que, cuando vino a Venezuela en 1947, se metió en un prostíbulo y terminó quedándose a vivir allí. Al Anacobero lo persiguió siempre una fama oscura que él no se preocupaba por aclarar.
En Medellín adquirió el mote de “El Jefe”, cuando se emborrachó en un bar del barrio Guayaquil, sumamente peligroso. La misma gente del barrio lo trasladó al hotel, sin quitarle ni un centavo. Uno de los benefactores diría: “es el jefe. No le vamos a hacer daño”, y así quedó bautizado.
Pero desde los tiempos de su juventud había otro vínculo que lo marcaría. Le pesaba en el cuerpo que borinquen no fuese independiente y se incorporó al Partido Nacionalista de Puerto Rico, que procuraba su liberación.
Si a Washington le había molestado La Despedida, aún tendrían más: Santos mantuvo cercanía con Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio, y compuso, entre otros temas, Sierra Maestra, que terminó como su himno. Las ganancias que produjo ese tema fueron donadas a los exiliados del movimiento tras la fallida toma del cuartel Moncada.
“Era un rebelde, un independentista, un revolucionario, pero era demasiado indisciplinado como para poder quedarse con ese sistema. A Daniel le cerraron las puertas de Venezuela por comunista, pero luego vivió aquí y a veces se sentaba en el Gran Café a fumar marihuana. Los policías se decían ‘ese es Daniel’ y lo dejaban en paz”, refiere Méndez, quien escribió la obra Bigote de gato es un buen sujeto, acerca de su vida.
Sus últimas presentaciones fueron en 1991 y el 27 noviembre de 1992 dejó de respirar, a causa de una afección cardíaca. A los 100 años de su natalicio, se le rendirá homenaje en Puerto Rico, Cuba y todo el continente.
La despedida prohibida
A don Pedro Flores, compositor, arreglista y director musical que terminó siento mentor de Daniel Santos, la sensibilidad de ver partir a los muchachos boricuas al frente de batalla, allá en 1941, lo impulsó a escribir el tema La despedida, que grabó el Anacobero y que prácticamente se convirtió en un himno entre los jóvenes de la isla.
“Sólo me parte el alma y me conmueve / que dejo tan solita a mi mamá. / Mi pobre viejecita que es tan buena / quién en mi ausencia la consolará”, dice una de las estrofas.
El golpe moral era tan intenso que los boricuas desertaban antes de ir al frente y la difusión del tema fue prohibida.
Santos comentaría luego: “la guerra fue una triste realidad, no solo para los miles de puertorriqueños que partieron sin destino, sin saber si jamás volverían a ver su tierra sino también para aquellos que recuerdan la eterna despedida de los soldados que murieron en nombre de la democracia”.
El mismo cantante se fue durante 13 días consecutivos de farra desenfrenada, tras los cuales lo pasó muy mal, al ser señalado por todos como desertor.
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