Aunque el ensayo de Norcorea causó revuelo, otros ya hicieron pruebas con bombas de hidrógeno.

Pocas invenciones humanas generan tanto miedo y curiosidad como el
poder de la energía nuclear. Al liberar el poder del átomo, los humanos
encontramos una de energía casi
ilimitada con la que se iluminan ciudades y se impulsan naves espaciales
hasta el confín del sistema solar. Pero también descubrimos el
potencial para arrasar poblaciones en un instante y convertir en un
desierto infértil al único lugar del universo en el que –hasta ahora– se
ha desarrollado nuestra especie.
Hasta hace unos días, las consecuencias del poder nuclear más allá de nuestro control estaban presentes en las de la devastación producida por el
en la central nuclear de Fukushima (Japón) o en los desgarradores
testimonios del desastre de Chernóbil (Ucrania), relatados en la
impecable pluma de la ganadora del premio Nobel de Literatura en el
2015, Svetlana Alexievich. Pero nos habíamos olvidado de una amenaza
apenas familiar para quienes no experimentaron el mundo durante la
Guerra Fría: la amenaza de un arma nuclear.
El pasado 6 de enero,
el gobierno de la República Popular Democrática de Corea, que el mundo
conoce como Corea del Norte, manifestó haber detonado por primera vez
una bomba de hidrógeno. Sin duda, un hecho de gran importancia
geopolítica, rechazado ampliamente por la comunidad internacional, y
sobre el que aún hoy permanece un manto de duda.
¿Pero qué es
exactamente una bomba de hidrógeno? En julio de 1945, en el desierto de
Nuevo México, Estados Unidos detonó por primera vez un arma cuyo poder
destructivo provenía de la reacción en cadena producida al dividir el
núcleo de un átomo.
Era el resultado del ultrasecreto Proyecto
Manhattan, que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) empleó a
muchos de los físicos más brillantes de la época. Era la primera bomba
de fisión (división) nuclear.
Esa fue la bomba que se liberó sobre
Hiroshima (Japón) segando la vida de más de 70.000 personas, dejando
seriamente heridas a otras 70.000 y arrasando con un área de más de 12
kilómetros cuadrados.
Apenas unos días después, Nagasaki (Japón)
sufrió la misma suerte. La destrucción de ambas ciudades precipitó la
rendición de Japón y se convirtió en un macabro referente que impulsó a
las grandes potencias mundiales a desarrollar sus propias armas
nucleares.
En noviembre de 1952, en una región apartada del
desierto de Nevada (EE. UU), se detonó por primera vez un tipo de bomba
mucho más potente, impulsada no solamente por la fisión nuclear sino por
la fusión (unión) de átomos de hidrógeno: era la primera bomba de
hidrógeno (bomba-H).
La fusión nuclear es el mecanismo que genera
la energía en la estrellas. En el interior del Sol, la presión producida
por la gravedad hace que 620 toneladas de hidrógeno se fusionen cada
segundo. En el interior de una bomba-H, una serie de bombas de fisión
generan la presión que fusiona átomos de hidrógeno generando una
explosión más de 100 veces más poderosa que la de una bomba de fisión.
Para finales de 1953 ya se habían completado 11 explosiones de este tipo
de artefactos en esa misma zona.
En 1956 llegaron a la población
estadounidense de St. George, en Utah, a unos 200 kilómetros de los
lugares de las pruebas nucleares, los equipos de filmación y los actores
de El Conquistador.
Esa superproducción de cine, financiada por
el millonario Howard Hughes, trataba sobre la vida de Genghis Khan,
emperador de los mongoles, quien era interpretado por John Wayne.
Numerosos
miembros de las tribus nativas de la región fueron traídos como extras
para recrear las hordas de mongoles durante un rodaje extenuante, que al
final tuvo que ser terminado en Hollywood usando 60 toneladas de arena
tomadas del lugar para recrear las locaciones en un estudio.
Durante
los siguientes años, muchos de los integrantes de la producción
fallecieron víctimas del cáncer. Se dice que cerca de un centenar, de
los más de 200 participantes en el filme, fueron diagnosticados con la
enfermedad. En 1963, el actor mexicano Pedro Armendáriz optó por el
suicidio al saber que padecía un cáncer de riñón. Ese mismo año falleció
el director Dick Powell.
En 1974, fue la actriz Agnes Moorhead y
poco tiempo después John Wayne –el protagonista– y Susan Hayward –la
coprotagonista–. Inicialmente, los diagnósticos de estos últimos se
asociaron a otros factores, pero para 1980 casi la mitad de los miembros
de la producción y un alto número de habitantes de la zona habían
padecido algún tipo de cáncer.
Después de los Estados Unidos,
solamente la Unión Soviética, el Reino Unido, China, Francia e India han
desarrollado y realizado pruebas con bombas de hidrógeno. Con estas,
son más de 2.000 las pruebas nucleares que se han hecho alrededor del
mundo.
En 1996, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó
el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT),
según el cual cada Estado se compromete a no realizar explosiones de
ensayo de armas nucleares o cualquier otra explosión nuclear.
Dicho
compromiso ha sido ratificado por todos los países miembros de la ONU,
con la excepción de 13 Estados, entre los cuales están Corea del Norte,
India y Pakistán, naciones que sí han realizado pruebas nucleares
posteriores a la entrada en vigencia del acuerdo.
Aun si el ensayo
nuclear de Corea del Norte fuera con un artefacto de menos poder que
una bomba-H, representa una seria amenaza para la paz y la seguridad
mundiales. En el mejor de los casos aleja más a esa nación de la
comunidad internacional y arriesga la salud de millones personas.
Fuente: El Tiempo
http://informe21.com
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